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El problema con la autogestión

Por Marla Pérez Lugo/ 

(El Dr. Cecilio Ortiz Garcia colaboró en la redacción de este escrito). Columna originalmente publicada en El Nuevo Día

 

A partir del 20 de septiembre del año pasado, el discurso de la autogestión ha adquirido un sitial de verdad absoluta.  Constantemente se les cantan los loores a las comunidades, a los hogares o a los individuos que han tenido que recurrir a autogestionarse porque no les queda más remedio ante el abandono por parte del estado.

El discurso es “no esperes porque el gobierno te lo resuelva todo, tienes que empoderarte y hacer las cosas por ti mismo”.  Y eso se acepta como bueno y hasta deseable.  Es más, se considera una medalla de honor en el pecho del autogestionado que de alguna forma refleja su superioridad moral ante los que no lo hicieron.  Sin embargo, hay que tener mucho cuidado con este discurso porque la “autogestión” y “empoderamiento” no son lo mismo.

“Empoderamiento” se refiere a cuando la comunidad, el hogar o el individuo tiene control de su situación incluyendo acceso a recursos colectivos y el poder decisional para incidir sobre los factores que afectan su bienestar actual y futuro. “Autogestión”, por otro lado, se refiere a cuando se encuentran abandonados por el estado y no tienen otra opción que iniciar y mantener con sus propios recursos proyectos colectivos para mejorar su calidad de vida.  La diferencia grande está en que en el empoderamiento, todos contribuimos a un pote común y todos tenemos acceso a él. Mientras, con la autogestión, todos contribuimos a mantener ese pote pero no tenemos acceso, y a los que no lo tienen se les va la vida si no se autogestionan.  En ese sentido, el empoderamiento es proactivo mientras que la autogestión es reactiva. 

En Puerto Rico, todos y cada uno de nosotros contribuimos al pote común (que es el gobierno) a través del pago de contribuciones, ya sea por ingreso, por transacciones económicas o por propiedad, para que se encargue de manejar las emergencias o desastres para el beneficio y tranquilidad de todos/as.  Comunidades empoderadas tienen el poder para identificar sus necesidades post evento y acceder a los beneficios de tener un gobierno que se encargue de suplirlas (limpiar las calles, reestablecer el servicio de agua potable y electricidad, tener policías que las protejan, etc.)  Comunidades autogestionadas tienen que seguir manteniendo la estructura gubernamental pero, a la misma vez, se ven forzadas a limpiar sus propias carreteras después del huracán, buscar su propia agua, autoprotegerse, etc.  Sus necesidades son invisibles al gobierno pero su dinero no.

El gobierno Puertorriqueño y el gobierno Federal en Puerto Rico, a ocho meses de María, han demostrado ser incapaces de garantizarle los servicios y derechos básicos a gran parte de la ciudadanía.  En el contexto del gobierno estatal, las explicaciones van por la línea de la crisis fiscal, la falta de autonomía política y el decaimiento pre-María de la infraestructura. El gobierno federal utiliza la magnitud y extensión de los eventos climáticos de 2017 (Harvey en Texas, Irma en Islas Vírgenes y Florida, los fuegos forestales en California, las tormentas de nieve en Nueva Inglaterra) que los ha dejado incapaces de responder adecuadamente en Puerto Rico.

Entonces, en este contexto, la autogestión se ha convertido en una tributación doble para muchas de nuestras comunidades que han sido literalmente abandonadas a su suerte.  Pero si observamos el comportamiento del gobierno, este no se comporta incapaz en otras áreas. Cuando se trata de darle subsidios a los sectores comerciales e industriales del país, o cuando se trata de macanear y envenenar a ciudadanos desesperados expresando su descontento con la incapacidad antes mencionada, ahí sí el estado despliega su capacidad para oprimir, castigar y aterrorizar a la ciudadanía.  Eso es terrorismo de estado y nosotros lo estamos subsidiando con nuestra autogestión.

El discurso de la autogestión se ha convertido en la gran mentira del capitalismo neoliberal, sumamente conveniente para las administraciones partidistas que pueden seguir cobrando por estar en sus puestos pero sin que nadie los obligue a hacer su trabajo… por estar muy ocupados autogestionándonos. En este sentido, organizarnos para la autogestión es mortal si no lo acompañamos de un movimiento fuerte y enérgico para obligar al gobierno a hacer el trabajo por el que le pagamos.

 

 

 

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